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Paola Gateño

Fundación FEMPO

Premio Mujer Impacta 2019

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Yo soy micropigmentista especializada en pechugas. Además, trato de ser el apoyo de quienes son diagnosticadas con cáncer de mama a través del maquillaje artístico permanente y procedimientos para borrar cicatrices.

Creo que soy muy estudiosa y entregada, por eso todo lo que hago ha llevado años de investigación y estudios, no solo en arte y micropigmentación, sino en Estética Oncológica, carrera que hice en España, porque en Chile no existe. Hay mucha colaboración desinteresada, humanidad y ganas de tenderle una mano a esas mujeres que no lo están pasando bien. 

Atravesar por un cáncer no es nada fácil: además de las secuelas físicas, hay una historia de desamparo; de la percepción que tienen de ellas mismas tanto en su cuerpo por la mutilación o mastectomía, como también por una pérdida de la identidad, del entorno familiar y laboral.

Yo me interesé en esta área paramédica cuando estuve en Europa estudiando arte, porque allá la reconstrucción estética oncológica iba muy avanzada y me permitía fusionar mi pasión con mi eterna vocación social; pero no lo hice por haber vivido la enfermedad de cerca, sino por brindar contención y ayuda a los demás. 

Yo repliqué el procedimiento en mi país, porque no había quién lo hiciera. Decidí que fuera gratuito, ya que cualquier tratamiento para atacar el cáncer aquí es muy costoso. 

Así nació, hace cuatro años, la clínica estética que cre para sustentar el programa social y hace dos años registróé la Fundación de Estética y Micropigmentación Paramédica y Oncológica (FEMPO).

Desde entonces, he atendido a más dos mil mujeres de todo Chile, sin distinción. No cuento con auspiciadores porque creo que se perdería la esencia.

A FEMPO llegan mujeres en distintas etapas de su enfermedad. Algunas son remitidas desde el diagnóstico y ahí yo converso, escucho, oriento. Luego procedo a hacerles el maquillaje permanente de las cejas. Nuestro procedimiento estimula el folículo piloso y así se evita la caída del vello. Con este primer paso ya las ayudamos a que la percepción de ellas mismas sea distinta. Las empoderamos un poco con su físico.

Luego realizo todo el acompañamiento hasta reconstruir la areola del seno y borrar todas las cicatrices. Pasan meses hasta que llega ese momento, pero durante todo ese tiempo, son recibidas en la sede para lo que necesiten.

 Haberme especializado en Estética Oncológica me permite saber cómo tratar las consecuencias que dejan los tratamientos en la piel. También he ido documentando la reacción de los pigmentos ante los químicos que todavía están tomando las pacientes para cuando llegue el momento de la reconstrucción del pezón. La migración del color no está en ningún estudio científico, yo lo he ido documentando para ofrecer el mejor tratamiento. Mi retribución es cuando me dicen que no solo les borré las cicatrices físicas, sino también las del alma.

Yo he pasado por mucho. A los 20 años quedé embarazada y con el apoyo de mi nanita logré criar a mi hija y concluir mis estudios en Relaciones Públicas, mi primera carrera, gracias a un crédito que terminé de pagar en 2017. En el ínterin también trabajaba.

Cuando mi hija tenía 15 días de vida, se enfermó con coqueluche (infección del tracto respiratorio) y la tuve tres meses hospitalizada en cuidados intensivos. En ese tiempo nunca me separé de ella. No tenía dónde dormir, pero no me iba, estuve todo ese tiempo durmiendo en una silla y aseándome en el mismo centro asistencial.

 Al recibir el alta, mi niña había sufrido dos infartos neuronales. Recuerdo que llegué a la casa de mi nanita y mi hija no reaccionaba, llamé al médico. Él me fue a buscar para volver a internarla. A las 9 de la noche debía llegar la neuróloga que me daría el diagnóstico final. Yo soy devota del Padre Pío y recuerdo que ese día solo le pedí que me diera vida suficiente para no dejarla sola nunca, pues el pronóstico era que quedara vegetal. Pero antes de que llegara la especialista, se fue la luz en el hospital. Y cuando volvió la electricidad, cinco minutos más tarde entró la doctora. Justo en ese momento mi niña abrió los ojos y levantó su cabecita.

La doctora vio a mi chiquita y dijo que estaba perfecta. Le mostramos los dos análisis que le habían hecho y que ratificaban los dos infartos. Eso fue un milagro. Le hicieron el tercer análisis y no tenía nada, ni secuelas. Cómo no estar agradecida y cómo no devolverle a la vida, a Dios y a mi Padre Pío esa bendición.

Años después me casé y al poco tiempo me separé. El proceso fue muy difícil, pero supe reinventare porque la vida siempre me devuelve con milagros lo que entrego. Por eso mi trabajo me apasiona tanto. Yo no le hago un favor a mis pacientes, son ellas las que me lo hacen a mí. Ponerse en mis manos es la demostración de confianza y amor más grande que recibo todos los días.