Logo

Pía Villanueva

Isla Roginson Crusoe

Premio Mujer Impacta 2019

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Yo me fui a la isla Robinson Crusoe de vacaciones porque quería bucear, que es una de mis actividades favoritas porque me ayuda de desconectarme. Estaba decidida a descansar del trabajo y la rutina, por eso quise dedicar mis días a conocer la isla y a realizar varios deportes.

Después de un día de buceo me encontré con una cara familiar, era uno de mis estudiantes de la universidad. Se hospedaba en casa de uno de los pescadores y ahí reconoció algo poco habitual, por ello decidió abordarme. Él me contó que la hija de 15 años del caballero donde se alojaba, no pronunciaba bien su nombre. Ante eso, acordé con él ver a la joven en la plaza central de la población para trabajar con ella cada mañana de los días que me quedaban en la isla. 

Al día siguiente, llegué a la plaza donde había acordado encontrarme con mi estudiante. Cuando llegué, noté una fila de personas, en su mayoría mujeres y niños. Yo, en mi desconocimiento, decidí preguntar al último de la fila: “¿Que está pasando? ¿Están regalando algo?” “Estamos esperando a una doctora que va a tratar a los niños con problemas del habla”. Obviamente, se referían a mí. 

Era una fila de más de 50 personas, todas con diferentes casos que requerirían de tiempo, algo con lo que yo no contaba. Pero pude ver la necesidad que había en la población, la carencia de profesionales y el ánimo de los isleños de recibir ese servicio. Fue en ese primer viaje de desconexión que nació el “Programa de estimulación a niños de las isla Robinson Crusoe”. 

Al llegar a Santiago, presenté este proyecto en la Universidad de Chile y apliqué al PROGRAMA DE FONDO CENTRAL DE INVESTIGACIÓN, eso con el fin de recibir la ayuda necesaria para que esto fuera posible. Llegar a la isla no era tarea fácil. Los vuelos comerciales no eran tan accesibles para llevar a un equipo de profesionales, ya que solo existen tres aerolíneas con capacidad para 8 o 10 personas. Esporádicamente viajan buques de la armada y una vez al mes, la isla era abastecida a través de un buque de carga. Llevar este programa a un área tan remota del país no sería para nada sencillo. 

Pero yo estaba convencida y focalizada en lograr mi objetivo: hacer que mi programa de estimulación fuera posible y se mantuviera en el tiempo. A diario recordaba las palabras de una isleña que me llevó a uno de los lugares más altos de la isla y al mirar al horizonte me explicaba por qué desde ese punto ellos llamaban al lugar “La isla del olvido”. 

En ese punto donde el mar se pierde en el horizonte, los visitantes de la isla se olvidan de las promesas que hicieron cuando estuvieron en ella. En ese punto los isleños pierden las esperanzas de eso que imaginaban posible, de estas fantasías que muchos brindaban. 

Las palabras de esa mujer se me quedaron sembradas en la mente y fueron el motor de esa energía que movió masas e hizo de las adversidades, posibilidades. Decidida a no olvidar, reuní los fondos, motivé a colegas y estudiantes, los hice parte del proyecto, viajamos en avionetas, buques de carga y de la Armada por horas, inclusive días. Nos alojamos en casas de los isleños, carabineros y autoridades; trabajamos en un pequeño espacio asignado en la única escuela existente en ese momento y repetimos el viaje cuatros veces al año por más de una década. 

Muchos creyeron que mis palabras serían una promesa olvidada, pero lo que no se imaginaban que yo dirigiría a un equipo de personas por más de 20 años a la isla; que realizaría investigaciones e implementaría diversas metodologías a más de una generación. Y también sería una mano amiga en momentos de dificultad. 

El 27 de febrero del 2010 después del terremoto grado 8.8 que sacudió a Chile, la isla fue golpeada por un tsunami que acabó con la vida de 17 personas en el puerto San Juan Bautista. Ahí me convertí en uno de los centros de acopio más grandes de Santiago. La isla, que pasó a ser mi hogar, me necesitaba, por ello tomé todas las acciones que estaban a mi alcance para ayudar a las familias del Archipiélago Juan Fernández.