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"Sinapsis nació del amor y la necesidad. No de la carencia, sino del deseo de hacer algo por quienes no tienen otra opción.”

Vivian Cantero es kinesióloga y presidenta de la Agrupación Sinapsis, una organización fundada en 2017 en la comuna de Angol, Región de La Araucanía. Su propósito es brindar rehabilitación gratuita y atención integral a niños, niñas y adolescentes en situación de discapacidad o con trastornos del desarrollo, en una zona donde el acceso a terapias privadas es prácticamente inexistente.

Desde sus inicios, la agrupación ha atendido a más de 150 niños, ofreciendo terapias de calidad, oportunas y personalizadas. Su equipo —compuesto por profesionales y voluntarios— trabaja coordinadamente con CESFAM, hospitales y centros educacionales para facilitar la inclusión escolar y social.

Sinapsis se ha convertido en un referente local de inclusión, funcionando como una “mini Teletón” comunitaria donde se prioriza la vocación, el juego y el vínculo humano. Actualmente, la organización está en proceso de expansión, impulsando una campaña de socios y alianzas regionales para extender su cobertura a más comunas del Malleco.

El trabajo de Viviana demuestra que la rehabilitación no solo se trata del cuerpo, sino también de devolver esperanza y dignidad a las familias que más lo necesitan.

La historia de Viviana Cantero es una historia de resiliencia, empatía y propósito. Nació en Angol en 1991 y desde muy pequeña aprendió a vivir con un diagnóstico que cambió el curso de su vida. “Desde los dos años empecé con migrañas. Me hicieron muchos exámenes y finalmente me diagnosticaron el síndrome de Arnold Chiari”, recuerda. Los médicos le dieron un pronóstico desolador: su esperanza de vida era corta, debía someterse a una cirugía invasiva y no podría tener hijos. “Me dijeron que no iba a poder hacer una vida normal, pero junto a mi mamá decidimos salir adelante y hacer lo que alcanzara a hacer.”

Contra todo pronóstico, ella no sólo sobrevivió: se transformó. Hoy, a sus 33 años, sigue conviviendo con la enfermedad, pero también con la convicción de que puede mejorar la vida de otros. “Tengo la presión intracraneal, pero he podido trabajar, estudiar y dedicarme a la rehabilitación. Puedo hacer cosas para que la vida de algunas personas mejore, y eso es lo que me mueve.”

Esa fuerza interior fue el impulso que la llevó, junto a dos colegas, a fundar en 2017 la Agrupación Sinapsis, un espacio comunitario creado para entregar atención gratuita a niños y niñas con discapacidad o trastornos del desarrollo. En Angol, cuenta, la oferta pública se limita a diagnósticos, sin tratamientos, y los servicios privados simplemente no existen. “Nos dimos cuenta de que muchos niños quedaban fuera del sistema. Decidimos armar algo pequeño, pero que realmente ayudara.”

Comenzaron sin recursos, atendiendo como voluntarios, reuniendo donaciones y habilitando un espacio con lo mínimo. Aun así, la respuesta fue inmediata: familias que esperaban hace años una terapia vieron en Sinapsis una oportunidad concreta. “Lo más duro era escuchar a los padres decir que habían perdido la esperanza. Cuando ven avances en sus hijos, aunque sean pequeños, se emocionan. Eso lo vale todo.”

Desde entonces, la agrupación ha atendido a más de 150 niños, entre los 2 meses y los 16 años, con diagnósticos que van desde autismo, epilepsia y síndrome de Down hasta trastornos conductuales o motores poco frecuentes. Cada caso se aborda de forma personalizada, con terapias basadas en el juego, el vínculo y el respeto por el ritmo de cada niño. “Queremos que los niños disfruten venir, que sientan que es un espacio donde pueden ser ellos mismos.”

El equipo está compuesto por kinesiólogos, terapeutas ocupacionales y voluntarios que dedican su tiempo sin recibir remuneración. Viviana misma trabaja a tiempo completo en un servicio de salud y dirige la agrupación fuera de su jornada laboral. “No recibo sueldo, pero me llena ver cómo una familia recupera la esperanza. Esa es mi recompensa.”

Para asegurar la calidad, realizan evaluaciones periódicas, registros clínicos y jornadas de retroalimentación con los padres. Además, han tejido redes con hospitales, escuelas y jardines infantiles, integrando la inclusión como parte del proceso terapéutico. “No basta con rehabilitar: hay que abrir espacios para que esos niños sean parte de su comunidad.”

Hoy, Sinapsis atiende a cerca de 50 niños al mes, con un impacto que se extiende también a sus familias, cuidadores y entornos escolares. Su meta es seguir creciendo: están desarrollando una campaña de socios y una nueva página web con botón de pago para financiar la ampliación del proyecto. También trabajan con el gobierno regional para acceder a fondos que les permitan llegar a más comunas del Malleco.

A pesar de los desafíos —financieros, logísticos y personales—, Viviana no pierde el foco: “Siempre digo que Sinapsis nació del amor y la necesidad. No de la carencia, sino del deseo de hacer algo por quienes no tienen otra opción.”

Su historia es un testimonio de fortaleza. La niña que un día escuchó que no tendría futuro hoy es la mujer que les devuelve el futuro a otros. Desde un pequeño espacio en Angol, Viviana demuestra que la inclusión no es un discurso, sino un acto diario de compromiso, humanidad y esperanza.

Dirección:

Luis Carrera 1289, oficina 204, Vitacura

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