A la señora Emelina la ayudó con su emprendimiento de harina tostada, a Juana Paz la transformó en una destacada tejedora y así muchas otras mujeres han sido beneficiadas con su maravillosa iniciativa, que la hizo merecedora del Premio Mujer Impacta 2016.

Hasta hoy han sido más de 4 mil las beneficiadas de los microcréditos y asesorías entregados por la ONG Debuenafe, creada en 1999 por María de la Luz Larraín, quien vio en los objetos y la ropa en desuso una oportunidad para ayudar no sólo a una persona, sino a miles.

Recuerda con orgullo la historia de la señora Emelina, oriunda de una comunidad mapuche cerca de Ercilla, a quien le dio el crédito más alto hasta el momento. “Vimos la oportunidad de que vendiera la harina tostada que ella misma elaboraba en su casa”, cuenta. Al ver que empezaba a tener éxito, la presentó a un premio. Con los 3 mil dólares que ganó, compró un molino y construyó un galpón para realizar todo el proceso del tostado. Tiempo después, María de la Luz, “la Uca”, recibió un llamado suyo, pidiéndole un préstamo para comprar una camioneta y así repartir la harina tostada. “Es una mujer fabulosa, trabajadora y cumplidora, nos devolvió hasta el último peso. Aquí no existe un contrato, es un compromiso de palabra el que hago con ellas”.

La idea surgió en 1999, cuando fue a la IX región con un grupo de amigas. Se dio cuenta que los hermosos paisajes del sur contrastaban con la pobreza de su gente; vio casas con piso de tierra, personas con vidas muy difíciles, mujeres que debían viajar a otros lugares para encontrar trabajo, viéndose obligadas a dejar a sus hijos solos. Conmovida por esta realidad, decidió buscar en su casa todo lo que no necesitaba y podía vender. Convenció a sus amigas de hacer lo mismo y con la primera venta de ropa y artículos usados, dieron tres microcréditos a mujeres de la región de la Araucanía para emprender desde su propio hogar, compatibilizando su trabajo con la maternidad.

¿Cuál fue tu motivación para comenzar esta iniciativa?
Ayudar a otras mujeres que vivían situaciones económicas difíciles, desde el mundo privado, sin política de por medio, aunque fuera a pocas personas, pero logrando el objetivo: no regalar el pescado sino enseñar a pescar. La idea es capacitar en un oficio o perfeccionarlo. Las mujeres son felices cuando se dan cuenta que pueden generar ingresos para sus familias, sienten orgullo y seguridad, les cambia la vida.

A medida que María de la Luz iba recorriendo los pueblos, se fue dando cuenta que la habilidad de la mujer chilena se encuentra en las manualidades. La mayoría creció viendo cómo sus familiares tejían y aprendieron el oficio como parte de su cultura. Ella encontró en esta realidad la oportunidad de impulsar la artesanía local y rescatar las tradiciones. Así sucedió con Juana Paz Vásquez. El equipo de la ONG le pidió que desempolvara el telar de su abuela y mostrara lo que podía hacer. Con el tiempo fue puliendo su trabajo y hoy día es una de las tejedoras más destacadas e incluso capacita a otras mujeres interesadas en trabajar.

Existen también otros emprendimientos, como el de una joven que quiso poner su propia peluquería. “Con los 50 mil pesos que le prestamos, compró los implementos básicos como tijeras y secador y le creamos una estrategia para atraer clientela. Comenzó cobrando 500 pesos por corte de pelo. La gente hacía fila y ella ganó mucha experiencia. Ha ido creciendo y ahora es una peluquera espectacular”. Como en todo emprendimiento, tuvo que aprender sobre el negocio, tomar decisiones de compra y saber sobre número . “Una vez que se les abre esta puerta al mundo, es muy difícil que vuelvan atrás. Esa mujer no va a ser pobre nunca más, vivió y aprendió demasiado. Lo entretenido es que no sólo ganan lucas, sino que ganan también cultura, interés por aprender, curiosidad”.

¿Te identificas de alguna forma con las mujeres que ayudas?
Hace un tiempo invitamos a varias de las señoras a Santiago para celebrar el aniversario de la fundación. Las sentamos junto a las voluntarias y se contaban sus historias. Nos dimos cuenta que los sueños y problemas de todas eran exactamente los mismos: la casa, el trabajo, la educación de los hijos… sólo que algunas tuvieron más suerte que otras.

¿Cómo trabajan el rescate cultural?
Estudiamos las tradiciones de cada lugar donde trabajamos y rescatamos la artesanía original, para generar orgullo de localidad. Un ejemplo: desde hace 17 años estamos en la pelea por desenterrar los telares originarios, tanto del norte como del sur, para darle otro valor a los tejidos. Creamos diseños que traen la tradición a lo contemporáneo, gracias al trabajo conjunto de las artesanas y las diseñadoras.

EL CICLO SUSTENTABLE

Actualmente la ONG Debuenafe tiene varios buzones repartidos por Santiago para recolectar las donaciones. Las cosas que se reciben, se clasifican y venden en sus tiendas de Los Cobres de Vitacura y Lo Barnechea. La plata se utiliza en capacitaciones, créditos para los insumos y en la compra de productos elaborados por las artesanas. Éstos se venden en “Cordillerana”, una tienda sin fines de lucro ubicada en el Pueblito de Los Domínicos, cuyo objetivo es ayudar a las mujeres en la comercialización de sus trabajos.

¿A cuántas mujeres están ayudando en este momento?
Este año estamos trabajando con 100 mujeres. Las capacitamos en el cálculo de costos y precios y les facilitamos fichas técnicas de los diseños para lograr la calidad que exigimos. Les compramos todos los trabajos que cumplen con los requisitos. La idea es que cada mujer reciba un buen sueldo, lo que significa una gran una responsabilidad para nosotros, ponemos todo de nuestra parte. Durante el verano, cuando aumenta el turismo en sus zonas, ellas tienen que rebuscárselas y vender por sí solas para ir independizándose”.

¿Por qué la gente debería donar a Debuenafe?
Cuando las personas regalan lo que no usan en sus casas, los destinatarios no necesariamente reciben lo que necesitan. Nosotros les damos la opción de escoger lo que quieran comprar a un buen precio, pagando 500 pesos o mil pesos. Al mismo tiempo, ayudamos al medio ambiente, dándole una segunda vida no sólo a la ropa, sino también a los juguetes, libros y todo tipo de artículos que vendemos con mucho éxito en ferias. Se trata de dignificar procesos, así como también miles de mujeres pueden surgir por cuenta propia y no depender de subsidios.

No todo lo que se recibe como donación puede ser vendido. Para que la ropa en mal estado no termine en basurales, Debuenafe ha establecido alianzas, como la que tiene con Almacenes París, a través de su campaña Ropa por Ropa. Lo mismo ocurre con las bolsas plásticas, con las que se hacen eco-ladrillos. Actualmente María de la Luz está trabajando en un gran proyecto de reciclaje, para el cual ya ganó un fondo CORFO.

A pesar de que el trabajo en la ONG no le deja mucho tiempo para dedicarse a otras cosas, la Uca se las ingenia para llevar a cabo las ideas que se le ocurren en paralelo y de esta manera continuar perfeccionando el modelo. “Siempre pienso ‘qué fome llegar a cierta edad y decir pucha si hubiera hecho ésto o lo otro’. No quiero que me pase. Por eso trato de hacer lo que más puedo y con mayor razón si es por otros. No hay que quedarse con ninguna bala pasada, hay que atreverse y hacer todo lo bueno que uno alcance en esta vida”.