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Andrea Hernández

Fundación Las Parcelas

Premio Mujer Impacta 2014

Publicado Diciembre 14, 2019
Por superadmin

Mi niñez fue una época muy oscura. Estuvo rodeada de pobreza y de todo lo que viene con ella. Eso me hizo convertirme en una persona retraída, encerrada en mí misma y siempre metida en ese círculo vicioso de tristeza y carencias hasta que me tocó vivir la larga enfermedad de mi marido. Ese fue mi punto de quiebre para dejar de ver mi propio dolor y darme cuenta que mi entorno me necesitaba. Mi marido se fue recuperando y yo comencé a mirar a mi alrededor de otra forma, sobre todo a los niños que me rodeaban y fue cuando descubrí, o mejor dicho, me di cuenta de que los niños para pasar la tarde y sus desgracias se dedicaban a aspirar dorga. 

Ahí me pregunté: ¿por qué no ayudarlos a tener una mejor infancia y evitarles el mismo dolor que yo había sufrido?

Así empezó todo. No me quedé en la pregunta, me fui directo a la acción y en 1996, con mis tres hijas pequeñas, abrí las puertas de mi casa y comencé a recibir a los cabros de mi comuna después del colegio. Quería darles un lugar de descanso, de contención, donde pudieran comer y recibir consuelo por los maltratos que muchos sufrían. Algunos llegaban tan cansados que se quedaban dormidos, otros necesitaban un cambio de ropa y otros sólo necesitaban cariño. Intento que mi casa y mi fundación, ahora con sede, sea un oasis en medio de un sector de mucha violencia y abandono.

Al principio, tenía un negocio con el que mantenía el comedor, pero los niños aumentaban día a día y no me alcanzaba el dinero, ni el tiempo, para organizar las actividades de la tarde, así es que comencé a vender mis cosas y eso provocó una crisis matrimonial que luego se solventó. Hoy, además de tener sede, me preocupo de que estudien, tengan sus uniformes, coman, se preparen y tengan aspiraciones. Me enorgullece que por ejemplo Sandro Corona uno de los campeones de salto largo haya sido uno de mis niños. 

Pero una de las cosas que más me ha llenado de felicidad fue sentirme reconocida por la Fundación Mujer Impacta en el año 2014. Por fin, alguien se preocupaba por mirar mi trabajo y valorar mi esfuerzo. Ahí me di cuenta de la labor que estaba llevando a cabo. Además, se me abrieron cantidad de puertas. Ese premio marcó un antes y un después.

Tanto que hoy tengo gente que me ayuda a la que pude acceder después de ganarme el premio y haber tenido visibilidad en los medios. Por eso seguimos adelante.

Mi motivación es llegar al corazón de los niños, de los adolescentes y de las madres abandonadas, para que desde el cariño y la comprensión encuentren las fuerzas para perseguir sus sueños e ideales y puedan ser un aporte a la sociedad.