Elisa Cubillos

Fundación Regional de Parkinson del Maule

Premio Mujer Impacta 2019 Región Maule

Publicado Diciembre 21, 2019
Por Mujer Impacta

Fundación Regional del Parkinson del Maule

Cuando la enfermera Elisa Cubillos acompañó, hace 14 años, a su marido al doctor, ella intuía que la cosa se venía mala. Y desgraciadamente, equivocada no estaba, pues dados sus estudios universitarios y el conocimiento cabal de su pareja, ya había imaginado cuán duro iba a ser el diagnóstico médico: Parkinson.

Así que, enderezándose por dentro y agarrando todas las fuerzas del mundo, tomó al hombre del brazo y desde ese minuto decidió convertirse en su mejor apoyo. Y ya transformada en su más fiel cuidadora, se dedicó a él con el fin irrenunciable de que fuera teniendo “la mejor calidad de vida posible”. No pasó ni un día sin que fuera con él a las terapias, observando tristemente no sólo la evolución de su enfermedad, sino lo peor de todo: la pérdida de la esperanza. Cada día más débil, cada día más sedentario y más reacio a los remedios, a la terapia misma, a las comidas… hasta que su mujer, viendo esto, se ocupó de todo y, pasado un tiempo, él fue “otra persona”: le subió el ánimo, recuperó fuerzas y retomó el principio vital: su independencia.

¿Entonces, cuál es la clave, se dijo ella, entendiendo el mensaje? Hacer lo mismo con otros, con aquellos que no tuvieran los recursos, ni menos el cuidado, la preocupación personal. Y acto seguido, Elisa abrió tímidamente las puertas de su casa, para atender a unos pocos, los que llegaran -número in crescendo-, buscando muy luego un lugar adecuado para ampliarse. Las autoridades del Maule empezaron a  convencerse e incluso la propia gente le ayudó a encontrar finalmente un espacio adecuado para atender en forma gratuita a los que venían con el diagnóstico en la mano.

Así nació la Fundación Regional del Parkinson del Maule, conocida y respetada profesionalmente incluso por los maulinos que no han sufrido los daños de esta enfermedad. Por una consulta médica que te da el nombre de ésta, sí; por la experiencia dolorosa de ver a quien amas sufriendo lo suyo, sí; por una persona que se involucra personalmente con el sufrimiento ajeno, también… Pero sobre todo, por las ganas de ayudar a otros, a ese Otro y a tantos otros que necesitan de ti. No sólo de tus conocimientos en el tema, como es el caso de Elisa, sino sobre todo porque sabes que tú puedes hacer algo concreto para toda esa gente invisible que no tiene las instancias adecuadas – ni tampoco los recursos-para salir delante de su propio calvario.

Eso se llama generosidad. Porque las fuerzas, la energía, surgen de una sola fuente: el interés por un mejor- estar para los demás. Y eso se llama Amor.