Gracia Carvallo

Fundación Ganémosle a la Calle

Premio Mujer Impacta 2017

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Ganémosle a la Calle

“Yo escogí convertir la pena en acción”

”Recuerdo con claridad aquel suceso que marcó mi vida. Ocurrió en el 2009; estaba embarazada de mi tercer hijo, compartiendo con amigos en medio de un partido de polo, cuando mi hermano tuvo un accidente mortal. Para mí esto fue devastador. Federico era un hombre muy deportista, alegre y preocupado por los demás. Siempre había realizado muchas obras sociales sin que nosotros tuviéramos ni idea y de las cuales nos enteramos luego de su partida”.

En medio del duelo y dándole vueltas al asunto, Gracia tomó una decisión que sería definitiva: había que ayudar a los niños vulnerables a salir de su condición y para ello, pensó, nada mejor que el deporte. Así se lo comunicó a toda su familia y luego, con el apoyo de su marido, creó la Fundación Ganémosle a la Calle, que en un principio se llamó “Federico Carvallo” haciéndole honor al hermano recién muerto.

Lo primero que se les ocurrió fue partir a las canchas del colegio San Lorenzo en Recoleta,  donde Gracia había trabajado como orientadora; allí comenzaron impartiendo talleres de tenis, fútbol y básquetbol a niños y jóvenes del sector. Corría el año 2011, pero desde ese momento no pararon más. Ni siquiera en época de vacaciones, porque la idea central era que los niños no tuvieran ninguna excusa para estar en la calle: esto sólo les acarrearía  meterse en problemas. Y dándose cuenta con el tiempo de que, aunque muchas municipalidades disponían de espacios para hacer ejercicio, casi nadie recurría a ellos porque, objetivamente, estaban en muy mal estado.” Por eso pedí reunión con varios alcaldes y les propuse que nos prestaran las canchas para realizar nuestros talleres, encargándonos además de su mantención. Recuerdo que en una municipalidad me dieron cinco opciones y yo elegí, ante la estupefacción de todos, la que pertenecía al peor barrio”.

Lo cierto es que las demás canchas estaban mucho mejor mantenidas, pero a Gracia no la tentaban ni la facilidad ni el menor costo económico, sino poder contribuir con su aporte allí donde los niños más lo necesitaran. Para eso había creado esta fundación.

“Todos los profesores con los que trabajamos reciben, por supuesto, un sueldo: es importante que ellos sean profesionales y que estén capacitados para entregar lo mejor de sí de acuerdo a su preparación. Porque el compromiso voluntario puede ser muy útil, pero en este caso los jóvenes necesitan un preparador específico. Y de acuerdo al mismo enfoque, les ofrecemos también a éstos, a los profesores, acudir a un tratamiento psicológico cuando la situación lo requiere, pues de pronto se ven enfrentados a problemáticas de los menores que muchas veces los superan.”

Mal que mal, la Fundación cubre a más de 600 niños en los cuatro centros deportivos que mantiene en las diversas comunas. Estas son Recoleta, Lo Barnechea y Estación Central, donde proliferan los barrios de alta vulnerabilidad y en los que ellos trabajan bajo múltiples enfoques. Por ejemplo, para elevar la motivación de los niños se los hace competir en algunos campeonatos y cada equipo tiene un nombre particular que les encanta: esos son “Los Federicos”. Y existe también un programa especial, diseñado para jóvenes que tienen alguna proyección en el ámbito, a los cuales se les entrega alimentos según determinadas  pautas nutricionales y mejoras en su rutina de ejercicios con el fin de poder acceder a ser parte de equipos profesionales.

En la implementación de todo esto, uno de los grandes apoyos ha sido el marido de Gracia, quien además de haber participado en el origen de la Fundación ahora es uno de los directores. Y así como a veces los acompañan sus tres hijos a distintas ceremonias – y también a los talleres- que van realizando, hay  “una persona muy especial“ involucrada en Ganémosle a la Calle: se trata de una de las hijas de Federico, quien – a pesar de su corta edad – se emociona intensamente cuando ve el trabajo de “la fundación del papá”.

Claro que nada ha sido fácil pero sí, dice Gracia, muy gratificante.

Y recuerda el día en que una madre se le acercó para contarle que había perdido a su hijo mayor y que el segundo tenía problemas judiciales… y que sus tres hijos menores se habían salvado de continuar el camino de los grandes sólo gracias a que conocieron la Fundación. De otro modo, con una madre que trabaja, habrían pasado demasiadas horas en la calle tentándose con la droga, el alcohol y la delincuencia.

Es cosa de oportunidades… Y éstas resultan en cuanto más atractivas sean y mejor se proyecten en un futuro posible, teniendo presente al otro en sus edades respectivas, situación real y social, etc. Abrir los ojos, escuchar y mirar: hacia afuera pero desde adentro, haciendo de tu inquietud un leit motiv existencial: en este caso, erradicar las drogas y el ocio funesto, para ganarle a la calle con inventiva en vez de dejar correr por ella esos ríos de lágrimas que a veces nos atacan sin consuelo.