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María Angélica Baragaño

CORPALIV

Premio Mujer Impacta 2017

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

¿Qué pasaría si el día de mañana, al levantarte, descubres que no puedes ver? ¿Y, cuando intentas pedirle ayuda a alguien, sientes que de tu boca salen las palabras, pero no puedes oír porque también has perdido la audición? Para cualquiera que nació con esos dos sentidos desarrollados, esta realidad podría ser parte de una película de miedo.

En Chile hay muchas personas que experimentan algo así a diario. Un ejemplo de ello es Pablo, todas las mañanas se levanta, se recorta la barba, se asea, se viste y arregla, para luego prepararse el desayuno. Lo hace sin mucha dificultad, con calma y paciencia, claro que esto lo ha conseguido con el tiempo, ya que a sus 45 años de edad este hombre se ha convertido en un experto. 

No fue fácil. Antes de ser lo que es hoy en día, mi hijo fue un niño con dificultades. Pablo nació en Estados Unidos y al nacer los médicos le indicaron que tenía poca visión en un ojo, pero mi instinto materno me decía que había lago más. Así que decidí volver a Chile con él de 3 meses y fue hasta entonces que recibí un diagnóstico distinto: el pequeño era ciego y tendría múltiples dificultades.

Decidí que intentaría ofrecerle una vida lo más normal posible. Siendo madre de otros dos hijos y recién separada, comencé a recorrer muchos centros y escuelas para niños con capacidades diferentes, pero me di cuenta que no había ningún lugar en que se atendiera a niños con estas condiciones.

Al cumplir doce años y gracias al largo camino que recorrió Pablo, me encontré con otros padres en situaciones similares. Ante la falta de un centro adecuado para ellos, muchos habían decidido dejar a sus hijos en la casa, pero esa no era una opción para mí.

Por eso, decidí buscar la ayuda de otros apoderados y juntos organizamos un grupo que sería la voz de estos niños. Ese fue el puntapié inicial para que naciera Corpaliv.

Siete años después de que se instauró Corpaliv, abrimos una escuela reconocida por el Ministerio. Hoy atiende a 38 niños de entre 0 y 25 años de forma completamente gratuita. En nuestras salas se pueden encontrar varios jóvenes de distintas comunas que llegan al lugar gracias a un bus que viaja a recogerlos todos los días. Por suerte, a nosotros nos llegan personas con un gran corazón en donde prima la labor que hacemos por sobre la plata que les podemos pagar y eso es maravilloso.

No fue fácil. Faltó ayuda económica. Al principio nos conseguimos una casa de bienes nacionales para armar la escuela y que fuera reconocida. También nos costó el tema de la difusión pero, gracias a Dios, mientras íbamos avanzando, comenzaron a llegar más personas a ayudarnos. Al final con la subvención del gobierno pagamos con suerte un tercio de nuestros gastos.

Mi sueño es tener una casa de acogida porque a veces pienso, ¿qué va a pasar con los niños que están en un hogar, pero que cumplen la mayoría de edad? Ellos no tienen la suerte de Pablo que me tiene a mí y a sus hermanos.

Mi propósito es que otras personas cuenten con las mismas oportunidades que tuvo Pablo.