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Maria Eugenia Valdés

COORDINADORA PASTORAL DIVERSIDAD SEXUAL

Premio Mujer Impacta 2014

Publicado Diciembre 14, 2019
Por Mujer Impacta

Yo intento construir una nueva realidad. Nuestra intención desde la pastoral no es cambiar la doctrina de la iglesia, solo queremos ser verdaderamente inclusivos y construir un espacio de verdadera acogida, por ello no juzgamos la diversidad sexual, sino que les brindamos un lugar donde puedan sentirse reconocidos y aceptados.

Estamos convencidos de que la vida es preciosa y que vale la pena recorrerla asumiendo todos los desafíos que ella implica, aun cuando sea en presencia de mucho dolor. Sabemos que la persona es mucho más que su condición homosexual, por lo que buscamos descubrir el horizonte infinito de posibilidades que cada uno tiene. Es en este punto donde ser o no ser homosexual, o ser profesional, o estar sano o enfermo, o ser adulto o joven, o como sea cada uno, no impide encontrar una razón de ser en el mundo. El dónde se ponga la mirada para crecer, es lo que marcará la diferencia en cada persona.

Esta pastoral comenzó en 2010 con un grupo de 20 personas. Hoy ya son más de 60 los que asisten regularmente a las reuniones. Junto a eso, vimos la necesidad de generar también un espacio para sus padres, puesto que viven un proceso similar de dolor y deben recorrer el camino de aceptación de sus hijos sin condicionamientos.

Gracias a nuestra pastoral he podido conocer chiquillos que se sienten juzgados. En este sentido, es un don de Dios mi vocación, que me permite estar cerca de la vulnerabilidad de otros, por eso sé que he estado en el lugar correcto.

He intentado asumir un liderazgo que sea capaz de cambiar la sociedad, intentando sembrar esperanza en medio del individualismo del mundo actual. La Iglesia puede ser mucho más que un conjunto de preceptos; es un espacio real de acogida y contención para los que más sufren. 

Una persona que descubre que es homosexual necesita esperanza porque le cuesta aceptarse tal cual es. Es difícil encontrarse con uno mismo y de cara a la verdad, porque supone una ruptura con patrones afectivos y culturales, el miedo a la soledad y la renuncia a un proyecto de familia. Es un proceso doloroso, en el que la mayoría de las veces no existe el espacio necesario para socializarlo en forma humana sin ser condenados en una primera instancia.

Además, muchos de ellos se autoexilian de la sociedad y los que pertenecían a la Iglesia también se alejan para no sentirse señalados. Esto no es justo, porque si siempre se sintieron parte de ella, ¿por qué en el momento en que pueden estar más solos tienen que dejarla?