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Pamela Prett

Corporación Ciudad Accesible

Premio Mujer Impacta 2016

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Cada paso cuesta, pero eso la gente no lo sabe. Esto, solo lo sabemos cuando nos vemos enfrentados a situaciones que nos producen rabia y dolor. Pro ejemplo, muchas veces tuve que guardarme la impotencia al ver que mi familia no podía entrar a un restaurante o ir al cine porque no había rampa en esos dos lugares para que dos de mis hijos, que utilizan sillas de ruedas, pudieran acceder a esos espacios. Mis otros hijos aprendieron a ser solidarios, a negarse un poco… si no se podía entrar a un lugar, hacíamos algo más entretenido y creo que fue una buena educación para ellos, hasta el día de hoy se ayudan y colaboran, somos un equipo.

En ese momento vi en la denuncia una forma de empoderarme en vez de quedarme con los brazos cruzados. Pero luego me fui dando cuenta de que había mucha ignorancia frente al tema, que era necesario proponer soluciones. Sin ningún conocimiento previo al respecto, comencé a estudiar las normativas y leyes sobre discapacidad y en 1999 creé la Corporación Ciudad Accesible. Partí con las denuncias porque necesitaba desahogarme y luego comprendí que la frustración y la rabia se pueden convertir en algo útil.

Una persona me dijo que hacer denuncias y mandar cartas no pesaba lo mismo que tener una institución detrás. Yo no sabía nada de arquitectura, pero me fui formando a medida que estudiaba todos los días. Empezaron a llegar correos de arquitectos preguntando cómo se hacían las rampas y me di cuenta que el diseño accesible era desconocido, no se enseña en las universidades y eso es así hasta el día de hoy. Recién están comenzando a aparecer los primeros diplomados, es un gran desafío pendiente en las universidades tradicionales.

La verdad yo nunca había conocido la discapacidad de cerca antes de casarme. Provengo de familia alemana y soy amante de la cocina. Crecí en el sur de Chile, en la tranquilidad de pueblos como Pullinque, Pilmaiquén y Cipreses. A los nueve años volví a Santiago, pero nunca perdí el apego por la naturaleza. Por eso, con mi marido decidimos formar familia en Buin.

Cuando tuve a mi segunda hija, Andrea, no sospechábamos que había nacido con una atrofia muscular espinal hasta que notamos sus dificultades para aprender a caminar. Empezó el eterno circular por los médicos, escuchar miles de opiniones y en esa época no existía un examen determinante, entonces tuve que ir a Alemania para realizarle una biopsia. Sin saberlo, mi marido y yo éramos portadores de un gen que incrementa las posibilidades de que los hijos nazcan con esa condición. Cuando esperaba a mi último hijo, supe que tendría lo mismo, ya estaba preparada de alguna forma, me lo decía mi instinto materno.

El secreto, creo que estuvo en no tenerles lástima. Ellos sabían que no se les iba a facilitar las cosas y que, si querían lograr algo, lo más seguro era que les costaría el triple, pero yo quería que lo hicieran contentos. Creo que eso ha sido algo bueno de la familia, no perder nunca el humor. Decidimos que nuestra familia era así: en ocho ruedas y algunos pares de piernas. Les tocó pesado, sin embargo, tuvieron más oportunidades que otros niños y las supieron aprovechar.


Luego de constituirnos como corporación en 1999, un equipo de voluntarias se fue uniendo a esta causa, todas relacionadas de una forma u otra con la discapacidad. En 2003 elaboramos el primer manual de accesibilidad que repartimos a cada municipalidad y universidad de Chile y hace cinco años contamos con un equipo de arquitectas que aporta desde su conocimiento profesional. Además de generar material para instituciones públicas y privadas, realizamos charlas, talleres sobre discapacidad y diagnósticos a proyectos arquitectónicos. Incluso asesoramos al equipo organizador del conocido festival Lollapalooza en Chile para que fuera completamente accesible, incorporando intérpretes de lengua de señas en los escenarios. También gestionamos la normativa que aplican en los estacionamientos para personas con discapacidad. Necesitábamos mejorar la señalización, hacerlos más notorios para evitar que cualquier auto se estacione encima y señalar como requisito la credencial del Registro Nacional de Discapacidad para favorecer su buen uso. De ahí surgió la idea de pintarlos azules y hoy es común encontrar estos estacionamientos.

Durante el 2016, el equipo de Ciudad Accesible ha estado trabajando en la nueva normativa que regula la construcción en espacios públicos y privados, enviando correcciones del documento al Ministerio de Vivienda y Obras Públicas. Además, buscamos promover que el ciudadano sea un ente fiscalizador y denuncie los incumplimientos legales. 

Mientras tanto, yo vivo entre Buin y Santiago, donde se encuentra mi oficina. Sé que algún día dejaré el mando de la organización para que los más jóvenes continúen lo que empecé. Cuando eso pase, me gustaría dedicarme a mi huerto y perfeccionar el libro de cocina que algún día planeo dejar como recuerdo a mis nietos.