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Paulina Soto

Me pongo en tu lugar

Premio Mujer Impacta 2018

Publicado Diciembre 15, 2019
Por superadmin

Cada viernes salgo de mi trabajo y llego con la mejor disposición para hacer el menú del día. Mis jefes me dejan salir un poco más temprano para que cumpla con esa labor que llevo a cabo desde hace unos cinco años.

Ganar el Premio Mujer Impacta fue el empujón que necesitaba para convertir mi iniciativa ‘Me pongo en tu lugar’ en una fundación. Aunque parezca increíble, a mí todo me da susto y recibir este reconocimiento fue fabuloso, ha marcado mi vida de una forma súper positiva y me genera más energía para seguir creciendo y ayudar al que más lo necesita.

Yo trabajo 24/7 de secretaria en una oficina, me dedico a mi familia y a mis labores en la fundación. Tengo que motivar a la gente que colabora a través de Facebook, de Whatsapp, para que no decaigan las donaciones y poder llegar a la meta… Muchos me dicen: ¿Por qué no lo dejas? No es obligación que lo hagas siempre. Otros me preguntan: ¿Y qué ganas tú? Y mi mayor remuneración es salir todos los viernes de carrete y regresa a casa con la satisfacción de haber ayudado a alguien.

Cuando partí, empecé a salir una vez al mes a entregar platos de comida a personas que duermen en la calle en mi comuna Quilicura. Ahora voy todos los viernes. Un fin de semana largo no fui, decidí irme a la playa con mi familia. Y cuando volví a repartir, uno de los beneficiarios que ya me conocían me dijo, como en broma: Tía, ¿por qué no vino? Esas palabras me llegaron a lo más profundo y me di cuenta que si bien ellos no me piden, sí esperan que llegue con algo. Saben que el viernes en la noche van a comer rico, tomarán un café calentito o un vaso de jugo en verano.

Me gusta que la gente que colabora con esta causa vaya conmigo a repartir comida, para que se dé cuenta de la realidad y pueda ver qué se hace con el kilo de arroz o con los cinco mil pesos que dona. A todos los invito a que vengan a cocinar, a emplatar, a salir… A muchos les da susto ir de noche. Pero se hace así por un problema de tiempo, ya que todos los que participamos tenemos un trabajo. Durante la semana reúno los ingredientes y los viernes cocinamos en mi casa y entregamos. Hemos salvado a varias personas de morir de hipotermia, porque pudimos darles algo caliente o llevarlos a un albergue.

Son muchas las personas en situación de calle en Chile. Yo quiero llegar más allá, por eso me organicé para realizar una sucursal en Cauquenes, lugar donde nací y crecí. Quiero contagiar de toda esta locura a mucha gente.

Siempre he sido bien rebelde. A los 14 años, con uniforme de colegio, me vine a Santiago haciendo dedo. Había peleado con mi mamá y llegué a la casa de una tía. Mi primer empleo fue de nana puertas adentro. Terminé la enseñanza media en jornada nocturna y a los 20 tuve a mi primera hija. Fui mamá soltera, hasta que conocí a mi actual marido. Decidí estudiar enfermería para ayudar a otros, y a pesar de que no pude concluir mi carrera, ya que había quedado embarazada, mi deseo seguía latente.

Ahora trabajo como secretaria en un estudio de abogados, amo mi trabajo y sé que la mujer que soy ahora la he construido en el camino, gracias a mi actitud perseverante. Jamás hice un curso ni nada para llegar adonde estoy. Todo lo aprendí en el camino. Cuando partí entregando comida, mi jefe creyó que se trataría de una acción social esporádica, de un par de veces. Después se dio cuenta que iba en serio. Y ahora que “Me pongo en tu lugar” ya es fundación, me pregunta si me voy a ir de la oficina, considerando que soy presidenta… Y la verdad es que no, porque ese es el trabajo que me da de comer.

Sin mi familia nada podría ser posible. Ellos me apañan en todo, imagínate tener una mamá que atiende a la gente de la calle y que quiere traerla a la casa. Los niños me ayudan a hacer las colaciones y entre todos colaboramos para que esto pueda lograrse.

Todos felices de colaborar. Mi marido es un ángel, me saqué la lotería con este hombre. Cuando nos pasa que no llegamos a la meta de reunir todos los alimentos, abro mi despensa y completo con lo que hay en ella. No me preguntes cómo, pero si me faltan cinco kilos de arroz, los encuentro. Y mi marido jamás me ha preguntado si los voy a reponer ni cuándo.

Siempre pienso en brindarles una comida, nutritiva y sabrosa, por eso a veces me pregunto: ¿qué me gustaría que me llevaran? ¿Una hamburguesa de 100 pesos o una comida casera rica? ¿Qué comerías tú…? Entonces, decido llévales lo mejor que puedas darles y sin queja ponen todos manos a la obra.