Silvia Sittler

Corporación NAIM – Curicó

Premio Mujer Impacta 2020

Publicado Mayo 6, 2021
Por Mujer Impacta

Desde la época del colegio, Silvia tuvo inquietud por la ayuda social. Con sus compañeras del Universitario Salvador, durante el gobierno de la Unidad Popular, visitaban las poblaciones, cocinaban ollas comunes y ayudaban en lo que se necesitara. 

“Me gustaba el compromiso con los demás porque uno se iba dando cuenta de la tremenda falta de oportunidades que hay, que la gente vive el día a día, no se plantea el futuro… entonces nosotros les ayudamos a tener objetivos, metas. Para mí, quienes nacieron con la suerte de tener oportunidades, deben esforzarse para devolver a la sociedad lo que, de una u otra forma, se les dio más fácil”.  

Silvia llegó a Curicó por el trabajo de su marido sin conocer a nadie y con su primera hija, entonces de un año. Tiempo después, en la feria libre de Curicó vio niños muy pequeños que ayudaban a llevar las bolsas con verduras por unas pocas monedas. No asistían a la escuela y la mayoría aspiraba neopren. 

“Eso me conmovió profundamente. Al acercarme a conversar con ellos, me di cuenta de que no había quién los ayudara, quién los acogiera. Empecé a buscar alguna institución que se hiciera cargo del problema. ¡Pero no existía ninguna!”.  

Silvia conversó sobre el problema con el obispo Horacio Valenzuela y con el sacerdote Mauricio Jacques, quienes la incentivaron para que ella misma hiciera algo al respecto. 

“En 1998, después de comprobar que estos niños no tenían apoyo alguno de la comunidad, con un grupo de amigos y nuestros hijos visitamos los campamentos más necesitados de la ciudad, para jugar con los niños y para que sus familias nos conocieran y confiaran en nosotros. De esta manera fuimos vinculándonos. El problema de los niños en riesgo social aparecía recurrentemente en mi vida. Estaba en todos lados. Me di cuenta de que todo esto era como un llamado”. 

Al poco tiempo Silvia inauguró su primera casa de acogida, que se transformó en el punto de partida de la Corporación NAIM. Su primer gran desafío fue descubrir qué necesitaban los niños y cómo podían ayudarlos a salir de su estado de vulnerabilidad y a la vez apoyar a sus familias para que fueran parte de este proceso. El segundo desafío fue cómo financiar este sueño para hacerlo realidad.

“Hace dos décadas esto era inalcanzable. Nunca me imaginé lo difícil que podría ser visibilizar la realidad en la que viven muchos niños en nuestra ciudad, la pobreza está escondida. Necesitamos como sociedad cambiar nuestra mirada y nuestras acciones ante los más necesitados. Debemos dejar de ser paternalistas en nuestra ayuda, debemos devolverles la dignidad y entregarles las herramientas para que puedan por sus propios medios lograr un futuro mejor”.

Para Silvia, NAIM es un hijo más. Tiene una relación espectacular con el equipo que trabaja en la agrupación. Ellos son un pilar fundamental. Ha entregado su corazón en esto. 

“Crear NAIM me ha ayudado a creer en las personas, a confiar en la gente. Queremos que los niños sean felices. Que tengan la oportunidad y el derecho a “ser niños”. Si logramos esto, aunque sea una vez, un día, una tarde, nuestra misión está cumplida. Nuestro lema ha sido “si solo a un niño sacamos adelante, ya todo ha valido la pena”. Y sin duda ha sido así: hoy tenemos dos casas de acogida a las cuales asisten 200 niños y una escuela para niños desescolarizados”.