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Andrea Henríquez

Fundación Volando en V

Premio Mujer Impacta 2018

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Fundación Volando en V

Cuando la alumna Andrea Henríquez tenía 11 años y vivía en Ecuador por el trabajo de su padre, sufrió un violento episodio de bullying de parte de sus compañeras en el colegio donde estudiaba. De esto, no le contó nada a nadie a pesar del enorme daño que le causaron los hechos, que la llenaron de angustia, soledad y miedo… y también, de una oscura sensación de culpa: imposible olvidar, bajo el sofocante calor de Guayaquil, esa avalancha de insultos, risotadas y empujones, que se multiplicaban virtualmente junto a una serie inacabable de fotos ofensivas que fueron apareciendo en su chat.

Tres años después, vagando sola por el patio del establecimiento, escuchó a lo lejos los sollozos de una niña escondida bajo unos matorrales. Al acercarse al lugar y preguntarle por su pena, ella le cuenta entre balbuceos las agresiones y mofas recibidas persistentemente de parte de su curso, donde no tenía amigas. Y también, de su tristeza y abandono. Intentando consolarla mientras atendía a su relato, Andrea se transportó automáticamente a aquella tarde en que había sido víctima, allí mismo, de una situación similar y que ahora revivía en carne propia, recorriendo la película escena por escena sin olvidar detalle. Recordó su desamparo, el intenso temblor en las piernas y, por cierto, ese río de lágrimas que caían al galope mojando la tierra. 

¡Basta!, se dijo, nadie merece pasar por algo así. Y acarreando consigo de la mano a la otra niña, decidió a sus 14 años hablar inmediatamente con la Directora para encontrarle solución a un problema de convivencia escolar que ya superaba cualquier límite.

Comenzaron las reuniones, se evaluaron ideas y, junto al Consejo Directivo del colegio, impulsaron un proyecto cuyo fundamento era la intervención – organizada por los alumnos mayores- y cuyo fin fuera crear conciencia de la gravedad del maltrato escolar, potenciando así las relaciones sanas y alegres en el recinto. Paralelamente, Andrea empezó a contar su historia de manera pública y con detalles, pero desde la superación y la resiliencia: había que dejar un mensaje positivo, porque claramente “el cambio viene con el ejemplo”, cosa que ella intuyó a pesar de su corta edad.

Así nació la Fundación Volando en V, cuyo nombre hace referencia al vuelo de las aves. Un proyecto pionero que cruzó fronteras el 2013,  apoyado por la Superintendencia de Educación del Gobierno de Chile, que se ha extendido a más de 28 colegios de distintos lugares y que se supo adaptar a la modalidad de trabajo en línea durante la pandemia, centrándose en el fenómeno del cyberbullying.

Probablemente porque, en lo personal, su fundadora recibió desde el principio el apoyo irrestricto de sus padres , familia y amigos, gracias a los cuales –amén de su propia fuerza interior- Andrea no sólo logró salir adelante, sino sobre todo darle un sentido distinto a su vida.