Logo

Andrea Henríquez

Fundación Volando en V

Premio Mujer Impacta 2018

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Un mañana, me encontré con un hecho que me hizo remontarme a mi infancia. Vi a la distancia una pequeña esconderse entre las plantas. Sin conocerla, me acerqué a ella, porque desde lejos la podía ver sollozar. ¿Qué te pasa? Le pregunté, y la niña me contó, todavía llorando, cómo unas compañeras la molestaban y me confesó que se sentía muy sola, que no tenía amigas. 

En ese momento evoqué lo que años atrás me había sucedido a mí, cuando estaba yo en los zapatos de esta niña: los insultos, los apodos y la soledad. Los gritos y empujones, los ataques virtuales, los mensajes en el chat y las fotos ofensivas. Mi mente regresó un episodio de mi vida repleto de angustia, inseguridad y miedo. Con sólo 11 años, me enfrenté a una serie de agresiones que no estaba preparada para encarar.

Recordar lo que había vivido en esa etapa de mi vida, me hizo pensar ¿Cuántos más? Cuantos niños como yo han tenido que pasar por la desagradable situación de no sentirse queridos, incómodos al tener que ir al colegio, culpables, ansiosos.  Ahí comprendí que esos hechos me habían marcado la vida. Reviví la sensación de ser esa niña. Recordé como mis piernas me temblaban y mis lágrimas caían. 

Era una mañana calurosa y oscura, estaba en la mitad del patio del colegio y se me acercó una compañera para decirme: ‘No vayas para allá’. Le pregunté por qué no, pero no supo responderme. Se puso nerviosa y sólo atinó a repetir su recomendación. Ahí me di cuenta que todas las que generalmente me molestaban, estaban riéndose. Llevaban puestas unas poleras blancas, con un cuadrado rosado lleno de insultos y la imagen de una Barbie, que se suponía era yo. Me quedé paralizada mientras sacaban de una bolsa más prendas iguales y las repartían.

Recuerdo cada detalle… nadie merece pasar por algo así. Fue en ese momento, en el patio del colegio, junto a esa pequeña escondida tras las plantas que nació la promesa de hacer todo lo que estuviera a mi alcance para ayudar a otras víctimas de acoso escolar. Así nació Volando en V.

Esta iniciativa busca promover la convivencia escolar positiva. Partió en mi colegio, en Ecuador, donde viví un tiempo por el trabajo de mi padre. Luego de conversar con la niña tras las plantas, habló con la directora del establecimiento con el fin de encontrar una solución. Junto al Consejo Directivo, crearon un proyecto basado en la intervención organizada por alumnos mayores, con el fin de crear conciencia de la gravedad del maltrato escolar, para así potenciar las relaciones sanas y alegres en el recinto.  

Decidida a cumplir mi promesa, a los 14 años comencé a contar mi historia de manera pública y con detalles, pero desde la superación y resiliencia, dejando a quien la escuchaba un mensaje positivo. A mi corta edad logré comprender que el cambio viene con el ejemplo, por eso decidí ser uno.

Volando en V hace referencia a las aves que vuelan en forma de V. La que va adelante, marcándoles el paso a las demás, le hace más fácil la tarea a las que la siguen, todas se necesitan, son un gran ejemplo de compañerismo. 

Mi proyecto cruzó fronteras en el 2013 gracias a la Superintendencia de Educación del Gobierno de Chile. Ellos me extendieron una invitación para que diera mi testimonio en el seminario sobre el maltrato escolar. Dos años después volví a Chile y Volando en V’ se expandió a más de 13 colegios en distintas zonas. 

Ahora estoy en el desafío diario de compatibilizar mis esfuerzos como alumna de Ciencia Política en la PUC, con la administración y organización de esta iniciativa, que ya es fundación. Así le encontré un sentido a todo lo que me pasó y que se concreta en la ayuda a otros.

Yo nunca estuve sola, el apoyo incondicional de mis padres, familia y amigos me permitió eliminar las consecuencias negativas de lo que viví a los 11 años y fueron mi motor para cumplir mi promesa. Ellos fueron el pilar para potenciar mi trabajo liderando a jóvenes a generar cambios, para que otros niños no sufrieran lo que ella vivió un día. 

Recibir el Premio Mujer Impacta me ha permitido reafirmar mi vocación de servicio. He visto cambios tangibles y concretos, tanto en niños que se convierten en líderes positivos, como en casos de víctimas o agresores de bullying que logran salir adelante. Han sido muchas las personas que me han ayudado a llegar adonde estoy y sé que este trabajo no puedo hacerlo sola. Pero también estoy consciente de que le he dedicado prácticamente toda mi adolescencia, que he aprendido mucho, pero principalmente, que le he dado un sentido distinto a mi vida.