Constanza del Río

ONG Nos Buscamos

Premio Mujer Impacta 2018

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Constanza fue adoptada en febrero de 1973 a través de un proceso “absolutamente ilegal” que, lamentablemente, se sigue utilizando hasta el  día de hoy. Sin embargo, como suele suceder en estos casos, ella lo supo bastante tarde y, por cierto, en circunstancias bien especiales: fue el año 2012, justamente el día en que cumplió 39 años. Sus papás se habían visto obligados a contarle la verdad por consejo de una psicóloga, a cuya consulta habían recurrido cuando empezaron las insistentes preguntas de la hija y frente a las cuales ellos respondían “cualquier tontera”. Pero en esta ocasión, la cosa fue literalmente diferente: no hablaron de ilegalidad, sino curiosamente de algo…”distinto”.

Hoy, ella lo cuenta tranquila, aunque asume que ese momento fue demoledor. “Sentí que me habían mentido toda la vida. Y que nunca iba a saber de mi familia sanguínea ni de dónde venía. No había papeles, no existía un hogar, no estaba el Sename. Lo que había pasado fue que, después del nacimiento de mi hermana mayor y primera hija biológica de mis papás, mi mamá tuvo problemas serios, perdió el útero, casi se murió y quedó sin posibilidad de volver a embarazarse.” 

Cuando lo supo, entró en shock; estuvo como una semana llorando. Se miraba al espejo y no se reconocía: “fue bien raro”. Entonces compró pasajes para irse a China, arrancándose lo más lejos que pudo. Y mientras pasaba por Australia, leyó en el diario que había un banco de ADN en Estados Unidos. “Esto me puede servir”, pensó. Y ya de vuelta el 2014, estando ya un poco más armada, apareció en la prensa un reportaje sobre adopciones ilegales ocurridas en Chile. 

“Hasta ese día, yo juraba que era la única. Pero ahí me di cuenta de que no, ni soñarlo. Fue bien espantoso. ¿Cuántas guaguas más hay, cuántas madres se quedaron sin hijos?, me preguntaba”.

Esa semana no pegó los ojos, imposible dormir, pensaba que tenía que hacer algo. Pero… cómo, ¿¿¿qué??? No imaginó jamás que después iniciaría una fundación ni nada por el estilo, sólo necesitaba conocer sus verdaderos orígenes. Y como su profesión es de diseñadora gráfica, levantó una página web en la cual empezaron a llegar un montón de casos de hijos y mamás que se buscaban… Finalmente, en julio de 2014, se constituyeron como organización legal. 

“Siempre he trabajado allí con puros voluntarios, nadie gana plata. Para vivir, me desempeño como secretaria en una empresa y el resto del tiempo se lo dedico por completo a la ONG. Pero al principio, en aquellos días, fue espantoso. Hubo personas que me amenazaron en la calle. Y deje hasta de ir a misa. ¡Me aburrí! La última vez que fui, me pegaron… me decían: ‘¡Córtala, hasta cuándo!’. Eran mamás que adoptaron, abuelas que entregaron, amigas de ellas, testigos; toda esa gente que no quería verse expuesta a que esto se supiera”.

Entretanto, Constanza decidió hacerse el ADN y estuvo cuatro meses armando el árbol genealógico de su familia sanguínea. Comenzó a encontrarse con algunas personas, alguien que supiera algo, gente que podía acercarla o no a sus padres… hasta que dio con su mamá biológica. “Me junté con ella el 4 de septiembre del 2015 y me reconoció que había entregado una guagua. Pero acto seguido me dijo: ‘No sé si tú serás o no mi hija’. De hecho, ella no se hizo el ADN. Pero yo, sin dejar de lado mi afán, logré un tiempo después contactarme con su hermana… Y ella me ayudó a llegar a mi papá. Cuando me reuní con él, el 29 de noviembre de ese mismo año, nos abrazamos fuerte. Y ahí me contó que llevaba mucho tiempo buscándome. Y entonces, delante de mí,  llamó por teléfono a su mamá, o sea a mi abuela, para decirle: ¡La encontré!“.

Constanza cuenta que, en el 99,9% de los casos, los adoptados que buscan a su familia biológica solamente lo hacen para conocer su verdad: dónde nacieron, en qué fecha, qué pasó, por qué… Y agrega que todas las veces que han logrado el “abrazo del reencuentro, como le decimos nosotros en la ONG”, el beneficio ha sido del 500 por ciento. Incluso, aquellas madres que fueron violadas y a causa de eso entregaron a sus guaguas, hoy agradecen la posibilidad de saber de sus hijos.

“En nuestra base de datos tenemos más de tres mil personas que buscan a alguien, hasta abuelitos que quieren encontrar a un hermano, primo o sobrino. Lo primero que hacemos nosotros es rezar. Nos encomendamos a la Virgen y a todos los santos para que cada reencuentro resulte bien, porque no hay un protocolo de cómo juntar a personas que no se han visto en 40 años.”

Que la vida de cada cual generalmente deja marcas, de eso no cabe duda. Constanza no tiene hijos; nunca quiso tenerlos: tal vez algo le quedó adentro a partir de esa experiencia temprana de abandono. “Estoy separada de mi exmarido, vivo sola y si algún día llegara a adoptar, lo haría con la verdad siempre por delante. Gracias a la ley de lobby, somos parte importante en la ley de adopción, que creo hay que modificar. Aquí se sigue hablando de los derechos de los padres, pero no de los que corresponden a los niños. No puede ser que dependa del criterio de la madre si el hijo va o no al colegio, si se vacuna o no, si le dicen o no que es adoptado.”

Por eso, con el transcurso del tiempo, ella puede pensar que cuando sus  padres se atrevieron, mal o bien, a contarle de su adopción, pudieron sacarse un gran peso del pecho. Y así asegura hoy que el mundo se les abrió a todos, tanto a ella como a ellos.” Mi papá llevaba 14 años enfermo y cuatro meses después de conocer a mi familia biológica, él se fue: se murió tranquilo. Hay verdades dolorosas, pero con el tiempo sanan. Y siempre es mejor abordarlas.”