Ayúdanos a cambiar el mundo AQUÍ

Logo

Maite Zubía

Fundación Expreso

Premio Mujer Impacta 2017

Publicado Diciembre 15, 2019
Por superadmin

“El tiempo corre distinto en la calle. Lo aprendí hace unos días en Concepción con unos voluntarios en la ruta nocturna. Me contaban que entre un invierno y otro la misma mujer ya no tiene dientes, el mismo hombre ya no camina, el mismo joven ya es un viejo, el mismo viejo ya no está ahí. Desaparecen invisibles como el árbol de la plaza que se arrancó de raíz, la diferencia es que cada una de esas personas no es un árbol, es el centro del mundo, la razón de ser de un país, el motivo de la venida del Hijo de Dios al mundo y una historia herida que tenía derecho a ser reparada (…)”

Ese es un extracto de la carta del padre Pablo Walker, es sacerdote que me casó y bautizó a mis hijos. No sé cómo llegó esa carta a mis manos, ni tampoco sé por qué me dio curiosidad de leerla porque la verdad a mí no me gusta leer.

En ese tiempo yo me dedicaba a ser mamá de tres hijos y a mi propia Pyme de chocolates, que trabajaba en mi casa y que me permitía pasar tiempo con mis hijos.

Recuerdo que en medio de una vida tranquila, aquel escrito me removió y me hizo preguntarme: “¿Qué hago?”.

A mí nunca me faltó nada. Por eso decidí partir por colaborar en la hospedería del Hogar de Cristo y viajando desde Vitacura hasta Estación Central me fui dando cuenta de una realidad que me era completamente ajena. Yo comencé a trabajar con Pablo y él un día me dijo que si yo ayudaba a sacar a una persona de la hospedería, ya habría contribuido suficiente… y con eso en mente iba para allá.

Conocí a los hombres que allí estaban alojando y comenzamos con un taller de mandalas, hasta tapizar todas las paredes de la hospedería. Luego vi un cerro cercano lleno de maderas botadas en la calle y se las llevé a ellos para que la trabajaran. Así fue el inicio de Expreso, la Fundación en la que han trabajado más de 60 viejos del Hogar de Cristo y que se dedica a fabricar tablas de cocina.

Al poco tiempo de comenzar con la cooperativa, dejé mi negocio de chocolates y me dediqué en cuerpo y alma a trabajar con estos hombres. Nelson es el ‘niño símbolo’ de Expreso. Ahorró durante años para poder comprarse sus propios materiales de trabajo, dejó de estar en el Hogar de Cristo y se dedica a cuidar todas las herramientas que utilizan en la Fundación. Eso me emociona y hace que el esfuerzo valga la pena.

Todos los hombres que trabajan conmigo reciben un sueldo y con esa plata pueden hacer lo quieran, es parte de la dignidad de hacer bien un trabajo. Tengo viejos que ya no trabajan por plata, siguen en esto porque lo hacen bien y tienen talento. Hay algunos que prefieren que les paguemos una vez al mes o nos piden adelantos. Pero todos tienen la seguridad de que tendrán las lucas que se ganaron.

Acá tenemos desterrado el concepto de caridad. Me enoja cuando algunas personas me ofrecen la plata, pero que me quede con la tabla, porque no es la idea. Nuestra dignidad está en que respeten nuestro trabajo.

Mis hijos son mi motor, siento la profunda responsabilidad de que si me muero, no quiero dejarles el país como está. Aunque no fue fácil ni para mí ni para mi familia, yo decidí hacer algo relevante en la sociedad. Leí tragedia y muerte y pensé en mis talentos y en toda la energía que tenía. El padre no me dio ninguna guía cuando empezamos, porque sabía que cualquier cosa que uno venga a hacer acá, ya marca la diferencia.

Más de 12.000 personas viven hoy en situación de calle.  Cuando supe eso, tomé acción y me empeñé en hacer lo que estuviera a mi alcance para generar un cambio.