Susana Navarro, Premio Mujer Impacta 2013, es un gran ejemplo de vida. Con mucho esfuerzo y disciplina logró ser profesora de Educación Básica con mención en Ciencias. Hoy es directora de la Escuela Presbiteriana El Salvador, Peñalolén. 

“Este sueño de la pedagogía siempre ha estado clavado en mi corazón”, afirma. “Mis papás siempre me motivaron el tema del estudio como una manera de salir adelante… A través de esta gran pasión de entregarnos una educación, ellos me permitieron que finalmente yo fuera profesora”, añade.  

Apoyada incondicionalmente por su familia y su equipo, logró que su colegio fuera reconocido por el Mineduc como uno de los 25 con menor acoso escolar dentro de 11.000 establecimientos educacionales del país. “Lo más importante dentro de una escuela siempre son los niños, y por eso siempre hacemos de todo para impulsarlos, ayudarlos y protegerlos”, comenta. 

“Cada programa que realizamos es asumido y trabajado con pasión; entendemos que no hemos sido llamados para retroceder, sino que para avanzar y para dar lo mejor por nuestros los estudiantes… “los más lindos del mundo…”, así les decimos. Esto hace que se sientan profundamente amados, y valorados. Esto genera un sentido muy arraigado de pertenencia, hacia su comunidad escuela y por tanto el vínculo afectivo entre unos y otros se maximiza, minimizando los conflictos”, detalla. 

En 2013, fueron destacados en Nueva York como la Mejor Escuela del continente. Hoy sigue adelante con su iniciativa siendo un gran aporte para nuestras futuras generaciones. “Una cosa extraordinaria es tener altas expectativas: que los niños puedan soñar y cumplir con las cosas que se proponen. No hay cosa más relevante que la vida de un niño”, afirma.

Durante el 2020, en medio de la crisis sanitaria por la pandemia del nuevo coronavirus, Susana y su personal tuvieron una serie de dificultades. “No sabíamos a qué nos estábamos enfrentando. Primero vino la alfabetización digital, luego nos dimos cuenta de la carencia, de muchos alumnos, del aparato tecnológico. Finalmente, nos dimos cuenta de que lo que hacía falta era la cobertura de internet”, recuerda, añadiendo que tuvo que hacer un “monitoreo exhaustivo” para apoyar a los estudiantes.

En ese sentido, destaca como una gran fortaleza el trabajo de los docentes. “Creemos que los niños y niñas que asisten a nuestra escuela se merecen toda nuestra atención y recelo. Queremos lo mejor para ellos. Sabemos que la escuela forma una parte fundamental de la vida de uno, y queremos que ellos sepan que estamos ahí para ellos”, concluye. 

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