Pia Salas

Fundación Abrazate

Premio Mujer Impacta 2015

Publicado Diciembre 15, 2019
Por Mujer Impacta

Hace más de 15 años, Pía Salas decidió dejarlo todo para apoyar y ayudar al rescate social de los niños de la calle.

“Recuerdo que fue un lunes 12 de octubre. Ese día salí de mi casa rumbo al centro de Santiago, con una intención muy clara en la cabeza: buscar  menores desamparados, de los que tanto hablaban en la televisión. Y al no encontrar a ninguno en el camino, me fui bordeando el río Mapocho hasta  llegar al Puente Bulnes, donde me detuve al escuchar unos ladridos provenientes de abajo junto a ciertas voces infantiles. Al inclinarme un poco, divisé a dos niños que cruzaban el río, seguidos de unos perros. Y, ante mi sorpresa, uno de ellos me hace una pregunta: ‘¿Usted nos viene a ayudar?’ Me quedé sin habla; les confirmé con un movimiento de cabeza y luego los abracé, les sonreí y les dije que sí, ahora claramente y muy emocionada”.

Desde ese día su existencia tuvo un giro radical. Pía comenzó a ir a los puentes los fines de semana y luego cada vez con mayor frecuencia, hasta formar un pequeño grupo de amigos. Con ellos focalizó su acción, de modo que poco a poco fueron llevándoles el arte a las mismas caletas, lo que facilitó las conversaciones y, en general, el acompañamiento permanente e indispensable para alejar a estos niños de las drogas y la delincuencia. Con ese mismo fin, el grupo los acercaba directamente al arte, llevándolos al cine, a los museos, a todo lo que pudiera ir sacándolos del mundo de las calles.

Y, sin embargo, mientras la iniciativa iba tomando fuerza, su vida personal comenzó a presentar dificultades: no era fácil comprender la intensa necesidad de Pía por ayudar: “Yo era muy feliz con mi marido; los niños estaban chicos (…), pero él tuvo sensación de que su mujer se le iba a los puentes. Y que yo prefería a los otros niños y no a mis hijos. No fue fácil para nada.” Además, trabajando entonces muy bien en una revista financiera, Pía tuvo que dejar su empleo por la Fundación Abrazarte, aún en ciernes, y le tocó enfrentar un cáncer a la tiroides que terminó con la extirpación del órgano. Pero en plena debacle interior, como suele suceder, le llegó a esta mujer una señal de apoyo que la hizo levantarse nuevamente y seguir con entusiasmo su camino: era un papelito que alguien le entregó en la calle, donde se leía el siguiente versículo: Vivirás de fe; y si retrocedieres, no agradará a mi alma. “Supe – dice Pía- que ésa era la respuesta de Dios a mi inquietud. Y pensé: bien, Tú estás en mi negocio y yo estoy en los Tuyos: ¡protege pues a mis hijos y a mi familia!”

Aunque la vocación social de Pía comenzó tempranamente cuando colaboró con la Fundación Santa Clara, relacionada con el VIH y la salud materno –infantil, el verdadero sueño que sintetiza y amarra su vida comenzó a hacerse realidad en 2011, cuando una mañana el empresario Felipe Cubillos bajó a la caleta a tomar desayuno con estos niños del puente. Ahí, delante de todos y tocado a fondo por esa realidad infantil submarineada, él se comprometió a construir la Escuela Refugio Abrazarte, ciertamente con objetivos mucho más amplios que el mero desarrollo social y personal.  Un lugar donde pudieran los alumnos buscar sus propios límites y experimentar cosas nuevas; entre ellas, hábitos de horarios y responsabilidades que les permitieran permanecer y crecer personalmente en aquel trabajo preciso que te posibilite una vida independiente y DIGNA.


“Actualmente Abrazarte forma parte del programa Calle del Ministerio de Desarrollo Social, lo que les permite beneficiar a jóvenes de la comuna de Santiago, Conchalí y Huechuraba. Realizamos un trabajo integral con las caletas, primero acompañándolos en la calle y luego evaluando quiénes pueden participar en un sistema más formal. Tenemos al 77% de los chicos del río Mapocho fuera y los veo muy bien, me van a visitar y me cuentan sus logros… yo sentía que tenía que luchar por todos, quería sacarlos, ser una especie de salvadora. Y resulta que luego de todos estos años, he venido a salvarme yo. Ya me reconcilié con el pasado. Mis hijos viven con su padre y yo volví a hacer teatro, a bailar y hallo la paz espiritual que me permite recordar en forma positiva mi matrimonio”.